sábado, 21 de abril de 2012

Las lágrimas recorren sus mejillas, al compás de la lluvia sobre el cristal.


El día, gris, parece acompañar sus sentimientos mientras otea el mundo a través de la ventana. Las lágrimas que empapan sus mejillas se camuflan en su reflejo con las gotas de lluvia que ruedan sobre el cristal.

Su relación con la lluvia era de amor-odio. Le gustaba el repiqueteo de las gotas de agua en el tejado; el sonido acompasado de su caída mientras ella se quedaba en casa, tranquila. Pero si había de ir a cualquier sitio, todo el encanto de los días grises se esfumaba de un soplo y el agua pasaba a ser su peor enemiga.

Aquél día el amor cedía paso al odio, porque le esperaban en unas horas. Ya debería de estar arreglándose, pero le daba una pereza infinita tener que enfrentarse a la lluvia, así que se había sentado allí a contemplar la calle desde su ventana y, perdida en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que las lágrimas rodaban por sus mejillas hasta que, al girarse para ver el reloj de su mesilla de noche, notó como una se posaba en el dorso de su mano.

La contempló deslizarse por unos segundos, y, como saliendo de un trance, se puso en pie, se vistió y se dispuso a salir por la puerta, no sin antes echar un vistazo a la casa que, como siempre, se quedaba vacía.

La esperaban allí donde iba. Pero a su vuelta nadie la esperaría.

6 comentarios:

Gabriela Pérez dijo...

Me gustó por conciso, por frío y real. Muy buen texto. A mí me pasa exacto eso con la lluvia; no es un amor incondicional, la quiero mientras me encuentro bajo techo o entre los brazos de él.

Saluditos :)

Una ignorante dijo...

Sí mientras leías esto tenías en tu cabeza una imágen fría y gris, conseguí lo que pretendía ;)

Gracias por pasarte y tomarte el tiempo para leer y comentar.

Un saludo!

Alberto Pizarro Gómez dijo...

Esta historia me parece tierna y encantadora. Me explico: me parece tierna porque, sin duda alguna y si pudiera, aparecería en la misma estancia para blandir en un profundo abrazo a la protagonista; encantadora, porque no me la imagino de otra manera que con una sonrisa con la que juego a imaginar...

Un abrazo, hoy llueve en Madrid.

Una ignorante dijo...

Un abrazo cambiaría completamente el color de la escena: habría luz. Sería más acogedora y agradable. Dejaría de llover y la casa no se quedaría vacía al salir.

Yo prefiero el buen tiempo ;)

Un abrazo de vuelta.

Chiho~ dijo...

Que buen trabajo! Es admirable tu capacidad de escribir de esa manera.
Refleja a la perfeccion los sentimientos que casua un dia de lluvia. Sin duda de transporta a la historia.
Yo en cambio disfruto mucho de la lluvia, me trae muchos recuerdos alegres.
Un placer leerte. Saludos.

Una ignorante dijo...

Chiho: me alegro de que te gustara ^^ Gracias por pasarte y comentar.

Por cierto, la del cosplay de Chobits eres tú? Está muy conseguido!

Un saludo!