lunes, 16 de abril de 2012

Un vagón de metro vacío

No me dí cuenta hasta que levanté la cabeza del libro que estaba leyendo. Ni siquiera me había percatado del silencio que reinaba a mi alrededor de tan absorta como estaba.

Cuando por fin levanté la cabeza para ver por qué estación iba, deparé en que lo único que allí quedaba era un periódico y un vaso de café que alguien había abandonado a su suerte varios asientos más allá y me invadió un sentimiento extraño.

No era miedo, aunque algunos podáis pensarlo. Y tampoco me sentía sola, pues tenía conmigo al mejor compañero de viaje.

En ese vagón viajábamos dos: el libro y yo. Y comprendí que el sentimiento que me rondaba no era otro que el de haber sacado la cabeza del bullicioso mundo en que estaba sumergida para darme de bruces con una fila de asientos esperando a ser ocupados, porque en cuanto volví a posar los ojos sobre sus letras, me sentí acompañada dentro de aquél vagón vacío.

4 comentarios:

Alberto Pizarro Gómez dijo...

¿Qué mejor compañero que un libro? Pues "Escrito a pluma"

Una ignorante dijo...

Tú no pierdes momento para autopromocionarte, eh?? XD

Pero si no tienes internet, un poco difícil veo yo que un blog se convierta en compañero de viaje ;)

Perséfone dijo...

Yo también me he encontrado alguna vez a solas en un vagón y, como bien dices, la sensación es peculiar. No es miedo, ni soledad. Tal vez "extrañeza" al ver tan vacío un lugar que normalmente te encuentras hasta la bandera.

Tomo nota de lo del libro, pues yo tengo la mala costumbre de no llevar nunca ninguno en el bolso. Y mira que me gustan...

Un abrazo.

Una ignorante dijo...

Perséfone: Pues ahora que lo menciona, quizás esa sea la palabra: "extrañeza".

Gracias por pasarte y tomarte el tiempo para leer y comentar ;

Un abrazo!