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miércoles, 19 de diciembre de 2012

I don't know what's going on.

I don't know what's going on...
I have no idea at all...
What's wrong?
Maybe it's because you don't wanna be here anymore... Not with me...
And if that's true... Then I shouldn't be thinking of you... You don't deserve it...
Anyway... My door is open... You just have to knock at it...
Lets forget about it... Lets change the story...
Lets find a new story to tell... Anyone?

miércoles, 24 de octubre de 2012

La puerta está abierta por si quieres entrar


A aquellos que se interesaron, les volví a abrir las puertas. Pero quien no llame al timbre no tendrá la oportunidad de que descuelgue el telefonillo y conteste.

No poseo la habilidad de leer mentes, y por tanto no sé si se quedaron fuera por gusto o por desconocimiento.

Pero independientemente de un motivo u otro, lo cierto es que el timbre está ahí, justo al lado de la puerta. Y si por algún casual no funcionara, siempre quedará el sonido de los nudillo contra la robustez de la entrada.

Y con todo y con eso, yo nunca echo la llave, por lo que existe la posibilidad de entrar a hurtadillas sin necesidad de anunciarte.

Pero lo que no haré será obligarte, eso nunca.

Las puertas están abiertas tanto para entrar como para salir.

No seré yo quien las cierre a cal y canto.

Y solo diré una cosa más: Quien realmente tiene interés, busca. Y a mi es muy fácil encontrarme.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Depende de ti


La pelota vuelve a estar en tejado ajeno. Por mucho que coja la escalera, siempre termina volviéndose a embarcar.

No parece que el dueño del tejado tenga intención alguna de bajarla. El problema es que mi escalera, tarde o temprano, terminara desgastándose.

¿Y qué pasará si la escalera se desgasta? La pelota quedará olvidada.

Primero días. Luego semanas. Y ya suman meses.

Hasta el día en que una ráfaga de viento tire la pelota del tejado.

Pero para entonces, ambos habremos olvidado de qué color era y ya no nos pararemos ni a mirarla, porque ya no tendrá sentido.

Habrá dejado de importarnos.

En tu mano está lanzarla o dejarla a merced del viento.