miércoles, 26 de septiembre de 2012

Depende de ti


La pelota vuelve a estar en tejado ajeno. Por mucho que coja la escalera, siempre termina volviéndose a embarcar.

No parece que el dueño del tejado tenga intención alguna de bajarla. El problema es que mi escalera, tarde o temprano, terminara desgastándose.

¿Y qué pasará si la escalera se desgasta? La pelota quedará olvidada.

Primero días. Luego semanas. Y ya suman meses.

Hasta el día en que una ráfaga de viento tire la pelota del tejado.

Pero para entonces, ambos habremos olvidado de qué color era y ya no nos pararemos ni a mirarla, porque ya no tendrá sentido.

Habrá dejado de importarnos.

En tu mano está lanzarla o dejarla a merced del viento.

viernes, 14 de septiembre de 2012

I miss you


Me pongo a recordar y me doy cuenta de que echo de menos mi vida en Londres…
Pero cuanto más rememoro, más claro me queda que lo que echo de menos es la ciudad y esos fines de semana en los que la recorría.

De la familia con la que conviví durante diez meses, me quedan un puñado escaso de buenos recuerdos empañados por los malos ratos que me hicieron pasar.
Por cada anécdota graciosa, sale a relucir otra que me recuerda que aquello nunca fue para mi un hogar.

Me doy cuenta de que no siento apego alguno por esa gente que quedó allí, y que esas lágrimas que rodaron mejilla abajo cuando monté en el metro de camino al aeropuerto no eran por quienes allí quedaban, sino por esos fines de semana en que yo era la única dueña de mis propios pasos. Esos fines de semana en que jugaba a perderme entre las calles de esa gran ciudad.

Ahora me doy cuenta de que mis lágrimas no iban dirigidas a quienes me dieron un techo durante diez meses. Lloraba por la libertad que dejaba atrás al volver a casa.

jueves, 30 de agosto de 2012

Era una turista

Mira por la ventana y ve la calle desierta. No hay ni un alma. ¿Quién va a pasear a esas horas con el calor que hace?

Se asoma al balcón tratando de buscar una corriente de aire, pero no hay forma. Solo siente el calor y el sudor que resbala por su espalda.

Ya va a meterse para dentro cuando la ve, andando calle arriba, sola. No era de allí. Lo sabía por la cámara de fotos que colgaba a su espalda, aunque bien podría haberlo sido.

Desde aquél balcón la observó acercándose.
- Que forma más extraña de llevar una cámara.-pensó.
Había pasado por la cinta el hombro izquierdo y la había llevado hacia atrás para que no le diera golpes en la barriga al andar.

Justo en el momento en que pasó por delante de aquél balcón, los ojos marrones de ella se cruzaron con su mirada desde el otro lado de la calle y fue entonces cuando lo sintió.

-Así que esto es lo que llaman flechazo.

jueves, 16 de agosto de 2012

Sabor a despedida

Estaba allí, sentada en aquél banco que había sido testigo de nuestras charlas. Aquél que nos había visto besarnos por primera vez. Aquél que había compartido risas. Aquél que ahora contaba lágrimas.

No me dijiste adiós. Esa palabra no fue pronunciada en ningún momento. Ni siquiera un "hasta luego" o un "que te vaya bien". Pero tampoco hacía falta que dijeras nada. Tu mirada esquiva reveló tus intenciones.

Aun así, un puñado de palabras vacuas salieron atropelladamente de tu boca, sin darme tiempo a reaccionar ante lo que, irremediablemente se avecinaba.

Y es que antes de que hubieras dicho nada, aquello ya sabía a despedida.

martes, 7 de agosto de 2012

Viaje en tren

Ensimismada como está en su lectura, la gente sube y baja del vagón del tren de manera imperceptible para ella. No presta oídos ni a los avisos por megafonía porque sabe que su parada es la última.

Cuando el tren empieza a frenar, acercándose ya a su destino, Ana divisa una mancha amarilla por el rabillo del ojo que le hace levantar la vista del libro que está leyendo. Un coche.

La carretera corre justo al lado de las vías del tren y el coche, que parece querer ganarle la carrera al tranvía, pasa de largo como un borrón amarillo.

Ya desvelada de su lectura y sabiéndose cerca del final de trayecto, coloca la señal en la página que tiene abierta y guarda a su compañero de viaje en el bolso que descansa sobre su regazo.

Es en ese momento cuando gira la cabeza hacia la ventana que está al otro lado del pasillo y se lo encuentra de bruces: el mar.

domingo, 22 de julio de 2012

A veces necesitamos a alguien


A veces necesitamos a alguien que, al vernos llorar, nos abrace sin pedir explicaciones; sin preguntarnos por qué lloramos. Porque a veces, ni nosotros mismos tenemos muy claro el motivo.

Aquella noche era una de esas veces. Las lágrimas acudieron a sus ojos sin haber sido llamadas, y empezaron a brotar sin cese durante lo que parecieron horas.

Cuando por fin las lágrimas se secaron, se recostó sobre la almohada empapada hasta que el cansancio le venció.

Al día siguiente se levantó con los ojos hinchados y como quien despierta de un mal sueño. Pero no había sido un sueño. Había sido real. Sus mejillas, tirantes por las lágrimas que se habían secado, le recordaban lo pasado la noche anterior.

Lo que habría dado por que alguien hubiera estado allí, a su lado, consolándole, sin pedir explicaciones. Pero era precisamente ese alguien el motivo de su pena.

Se había ido y ya no volvería.

Le había abandonado, sin dar explicaciones. Una nota de adiós en la encimera de la cocina había sido su despedida.

Ya habían pasado varios días y seguía sin dar señales de vida. “Saldré de tu vida por completo” le había dicho en la nota. Y así había sido. Ni una llamada, ni un mensaje… Ni siquiera las personas cercanas a ambos le habían sabido decir nada al respecto.

Se había ido y ya no volvería. Y una parte de sí había muerto con la huida.

miércoles, 11 de julio de 2012

Una mosca

Una mosca da contra el cristal y parece que llamen suavemente para captar mi atención. Pero miro a la ventana y ahí no hay nadie. Solo esa solitaria mosca que parece no haber aprendido que los cristales no pueden traspasarse.

Vuelve a la carga. Vuela, choca, retrocede... Pero no se rinde. Persevera en su intento por entrar en la habitación. Parece que busque algo al otro lado del cristal.

"El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra"... Eso es lo que dicen... Entonces esta mosca debe de tener algo de humana. ¿Y si la dejo pasar?

Pero en el tiempo que he dedicado a mis divagaciones, la mosca ha volado en otra dirección y ya no suenan los golpecitos en el cristal de la ventana.

Han dejado de llamarme para intentar captar mi atención. La perseverancia ha terminado vencida y la oportunidad se ha esfumado, la he dejado escapar.

Solo los segundos en que me he parado a pensar se han interpuesto entre la oportunidad que llamaba a mi ventana y la posibilidad de hacerla realidad.

jueves, 28 de junio de 2012

Se aprende a vivir con ellas

Al igual que una herida deja marca, las penas no se olvidan, se aprende a vivir con ellas.

Las vivencias forman parte de cada uno y, ya sean buenas o malas, son las que nos hacen ser como somos.

Puede que las heridas no sanen y que, aún con el tiempo, sigan omnipresentes. Pero terminamos aprendiendo a volver a pegar la tirita cada vez que se despega, y a evitar lo que puede hacer que la herida vuelva a sangrar.

Las penas no se olvidan, pero aprendemos a vivir con ellas. Se convierten en parte de nosotros mismos y "nos hacen más sabios", como dijo un sabio conocido.

Las penas no se olvidan, nos acompañan siempre, pero aprendemos a hacerlas compañeras de camino. Terminamos dándonos cuenta de que no servirá de nada intentar olvidarlas por que se quedará en eso, en un intento.

Las penas no se olvidan, se aprende a vivir con ellas.

viernes, 22 de junio de 2012

Un 16 de junio

Risas, juegos, olor a comida recién echa, sueños velados entre las paredes de ese edificio que un día albergó vida. Todos quedaron acallados y en el recuerdo cuando aquél día los dueños se decidieron a llevar a cabo la mudanza.

Quedó vacío y abandonado. Sin vida, sin luz... Los buenos tiempos quedaron atrás y las risas se apagaron. Pasaron los años y nada volvió a ser como era. Cerrado quedó, sin nadie que se hiciera cargo.

El tiempo terminó haciendo mella en sus paredes, y como en protesta por el abandono, finalmente, una noche de junio, se vino abajo.

Con un estruendo venido a menos, se derrumbó, dejando convertido en escombros aquél que en otro tiempo se llamara hogar. Aquél que en otro tiempo rebosaba vida.

viernes, 15 de junio de 2012

Si mañana mismo

Si mañana mismo alguien me propusiera hacer las maletas para embarcarme en un viaje sin rumbo ni fin, probablemente no me lo pensaría dos veces.
Si mañana mismo viniera alguien y me dijera que llenara una maleta para perdernos entre ciudades y paises, seguramente no me lo pensaría dos veces.
Si mañana mismo, hoy, dentro de unos minutos... Abriera alguien la puerta y me tendiera la mano con la promesa de visitar un lugar nuevo cada semana, lo más seguro es que no me lo pensara dos veces.
Llenaría la maleta de ropa y echaría a andar detrás de quien me ofreciera la posibilidad de conocer ciudades, paises, gente, culturas... De quien me diera como posible viajar, sin hacer falta tener un rumbo o un destino. Sin echar cuenta del tiempo o del lugar. Simplemente disfrutando día a día del sitio y de las personas.
Si mañana mismo viniera alguien a llevarme consigo con la intención de enseñarme cada día un lugar distinto, no me lo pensaría dos veces.
Me iría contigo.